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Notas de biografía

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¡ Hola, bella gente! Me meto a contarles de repente algo de mi vida.

Nací en Ixelles, Bélgica, un primero de marzo de 1942, tempranito. Casí iba a ser un 29 de febrero. Pero mamá aguantó.

Era la guerra, Usted. Con sus privaciones serias, sus miedos a los servicios secretos alemanes. Había que conseguir sus tickets de racionamiento, hacer filas en las tiendas. Era, para mamá, una gran victoria conseguir una naranja y enviarmela.

Ella tenía un curioso libro de cocina que decía: hacer pankeques sin harina, torta sin huevos... Por la temporada la gente encontraba sucedáneos a todo.

 

¿Porque en Ixelles, dirá Usted? Es que mi madre allí trabajaba en tareas domésticas para los Couverts. "Rue Bélliard, 33".

 

Unas casas de "maître" todavía existentes rue Bélliard. No por mucho tiempo.

 Y la maternidad se encontraba y sigue en Ixelles. Es allí dónde, a una enfermera atrevida a meterme un lavado, le pinté en respuesta, la cara de "verde".

Maternidad de Ixelles...

La casa, ya viejita, y hoy botada para dejar lugar a inmuebles de organización europea, tenía varios pisos. Le decían a éste tipo de casas "maison de maître". Al entrar, primero, había que subir unas gradas de mármol, para llegar a un corredor. A la izquierda, una sala grande y lujosa, destinada a recibir a los clientes. Segunda puerta, siempre a la izquierda, otra sala con muebles antiguos, nunca usada. Y tercera, la sala comedor dando sobre un largo jardín mal atentido y con la pared del fondo tocando al Parque Leopold. A la par del comedor, la cocina, en prolongación del corredor y con ventana al mismo jardín. Siempre me he enamorado de las casas dónde viví y ellas quedan muy presentes a mi memoria.

Desde el principio del mismo corredor, a mano derecha, unas gradas llevando a los pisos superiores. Sala de baños, cuartos de dormir y en el tercer piso o sea deuxième étage, el taller de costura dónde dormía sobre un sofa. Numca entendí lo del sofa y su porqué. En realidad el niño de tres años que era en la época, sentía muy fuerte el ostracismo. Por ser el hijo de la sirvienta, tal vez? Felizmente , logré poblar aquella soledad gracias a una imaginación poderosa y tempranera.

Jorgito y su mamá en Knokke.

Una serie de objetos tomaban vida como botones, pedacitos de juegos de madera, naipes... Todo un mundo de mi creación dónde ningún señor botón me podía mandar ni una señora moneda decirme lo que había que hacer. Bastaba un cojín en un rincón de la sala para instalar mi pequeño universo. "Que niño tranquilo","¿que haces allí?". Que iba a explicar a éstos metiches cosas que de todo modo nunca iban a comprender. La mamá en la cocina, preparando las comidas de los Señores, haciéndoles mil reverencias y expresando su eterna gratitud eternamente. ¿Los señores? Ocupados: Arturo, construyendo sus cartas del cielo para astrología. Susanna, corriendo de cliente en cliente, para vender pantallas para lámparas ancianas, cortinas para castillos, y otros artículos como sillones estilo Luís XIV, todo hecho en casa. En el sótano, el taller de muebles dónde reinaban Próspero y Jorge, artesanos especialistas en aquellos estilos. Muy arriba (y retiradas de las tentaciones masculinas), las costureras que invadían hasta mi sofa.

Susanne Couvert, mi madrina de pila.

La estancia estaba interrumpida por épocas: la abuela llegaba a buscarme para darme el aire del mar u su famoso iodo. Era la post-guerra y conocí conejos y cabras. La abuela María vivía con su otra hija, Georgette y su marido Alberto Braet.

Aquel me llevaba los domingos a la pequeña iglesia de los Padres domínicos en Le Zoute. Me encantaba. Se celebraba la misa en el patio de la Iglesia y todos los católicos ricos de Le Zoute estaban presentes. Predicaciones en francés, antes de las reacciones flamingantes (movimiento de reacción cultural en época posterior.

Durante el día, el niño de tres a cuatro años jugaba con una balanza de pesos todo el día. O bien se sentaba en el tapete de entrada de la tienda de ropa teniendo su puerta cabalmente a la cuadra. Es allí en éste tapete que un soldado inglés recibió de mi su primera clase de francés. Le mostraba el sol diciendo con autoridad "soleil, soleil". Los soldados ingleses estaban cantonados en un hotel en frente de nuestro inmueble Sunny Corner. Los quería tanto a esos soldados ingleses, que un día gris, seguí a uno que perdí de vista. Me recuerdo todavía la resonancia de una tapadera de entrada a un bunker, pegandolo del pie. Al fin me encontré en el "Viejo Knokke" con feria y carouseles. Es allí que mi tía Alice me encontró. Toda la familia se había asustado. Pero no me regañaron. ¡Uf!

Soldados ingleses sobre la playa de Knokke con Jorgito.

 

Mémé, la abuela sobre la playa de Knokke.

La abuela era conserje de los Hammon, judíos, que se habían ido al extranjero durante la guerra. La guardiana fiel y dedicada de aquel inmueble "Sunny Corner" cabal a la cuadra de la "Rue du Nord" con la Kustlaan. El inmueble existe todavía. Sólo que la "rue du Nord" recibió un nombre más poético terminando por "straat". EbbeStraat, para los fanáticos.

La alianza Couvert Decoster existía de antes. En efecto, mi madre había servido en cuidar. siete años antes que yo naciera a Andrés y Zou, los hijos Couvert. Llegaban ambos de vacación en Knokke al cuidado de la abuela y de su hija Yvonne. Volvían a Bruselas con un montón de comidas.


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Mapa de Knokke.

Pero mamá no sirvió sólo a los Couvert sino también a una familia Teuwissen que la llevó en walonia, en la región mosana, en Lustin, para ser más preciso. Es allí, que teniendo que atravesar el río para ir a las tiendas, que encontró a un Señor Albert Toussaint, barquero y recién liberado de los campos de trabajo en Alemania. Tan enamorado el hombre, que se ofreció para reconocerme oficialmente como su hijo. No sé como se engendra a distancia... Pero recibí la instrucción clara de decirle papá, lo que muy poco hicé. En efecto, resultó el buen Toussaint ser un alcoholico violento.

Mamá se casó con él más para escapar a los controles  dominantes de la abuela que por amor.
"¿Si no era su padre natural, quién? Habrá nacido del muslo de Jupiter?" (expresión en francés que corresponde a "creerse descendiente de la pata del Cid").
Primero, no es el muslo que usó. Que haya metido la pata, queda por ver. Se llamaba Herbert Gröss, oficial alemán, de la familia Gröss del circo Gröss de Leipzig. Casado? solterón? Tendré que averiguar. Pero a fuerza de tocarle el violín debajo de la ventana, Yvonne cedió como la Julieta al Romeo. Parece que me parezco mucho a él. El pobre terminó en el frente ruso, cuando Hitler atacó Rusia. Resulto ser en parte de raza alemana sin querer queriendo. Los niños de la escuela primaria en Bélgica lo supieron por chismes de la abuela "paterna". Me llamaban "sale boche".

 


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